EL PELIGRO DEL PODER

EL PELIGRO DEL PODER
Todos los estadounidenses mayores de treinta y cinco años recuerdan, sin duda, dónde estaban y qué estaban haciendo aquella trágica tarde de noviembre de 1963, cuando mataron al Presidente John F. Kennedy. Yo estaba sentado en unos escalones durante el tiempo entre clases en la Escuela Secundaria de South Houston, cuando una muchacha vino corriendo por el pasillo sollozando.

Han matado al Presidente dijo llorando y se fue corriendo. Sus palabras me dejaron aturdido, y este momento histórico quedó grabado en mi mente para siempre. Del mismo modo, nunca olvidaré el momento en que supe de la tragedia de Jimmy Swaggart. Me sentí abatido por una ráfaga de emociones inconexas: incredulidad, vergüenza, rabia y dolor. Pasé toda la noche dando vueltas en la cama atormentado por una serie de sueños profanos, en los que ésta, la última de una sucesión de tragedias morales, se repetía una y otra vez. Mi aflicción rayaba en depresión. 

Sentí pena por Jimmy Swaggart y su familia, por el ministerio alrededor del mundo, por el Cuerpo de 8 El peligro del poder Cristo, por el hombre y la mujer que formaban parte de la congregación. Su dolor se convirtió en mi dolor. Los días siguientes no fueron mejores. Cada día salían a relucir nuevos y desconcertantes detalles sobre este caso. Oficiales de las Asambleas de Dios recibieron fotografías de Jimmy Swaggart entrando y saliendo de un motel con una conocida prostituta.

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